La evolución de la inflación está resultando cuando menos, curiosa. La multitud de factores que influyen en ella y su constante retroalimentación, incrementa la dificultad para acertar en las predicciones y para maniobrar tratando de conducir la cifra hacia los objetivos deseados.

Ante el radical «salto cuantitativo » ocurrido en los precios en las economías avanzadas ( parecía que estas cifras de inflación eran exclusivas de países en dificultades económicas como Argentina y Venezuela, entre otros ) saltaron todas las alarmas. Y los Bancos Centrales han tenido que aplicar una serie de » electro-shocks monetarios » que no terminan de conseguir los resultados óptimos, además de generar colaterales no deseados en términos de producción y empleo.

Si el inicio fueron los programas de política monetaria laxa en 2008 ( Expansión cuantitativa o QE ) con escenarios de tipos de interés negativo e inundación de liquidez en los mercados; la continuación fue la pandemia por el Covid-19 con shocks simultáneos de oferta-demanda y utilización necesaria de poíticas fiscales para poder compensar la » catástrofe humanitaria» producida. El condimento final fue la guerra de Ucrania que llegó a provocar unos precios de la energía desorbitados, aceleró la necesaria transición ecológica a un mundo con emisiones «cero» , sin tener en cuenta la necesidad de un plazo mayor para el ajuste progresivo entre la oferta y la demanda.

Con el difícil equilibrio entre políticas fiscales de apoyo ( next generation, por ejemplo ) y políticas monetarias de ascenso vertical de los tipos de interés ( el peligro de los límites de no retorno en el coste de la deuda pública está siempre presente ) que mueven fuerzas contrarias en la demanda, no parece que la inflación esté controlada , ni que los tipos de interés vayan a bajar tan pronto como se venía anunciando.

Con escenarios de IPC del 3,5% en EEUU , del 2,4% en la zona euro y del 3,2% en España; y tipos de interés de crédito del 4,5% y 5,5% establecidos por parte del Banco Central Europeo y la Reserva Federal, respectivamente, a corto plazo poco parece que vaya a bajar el coste del crédito bancario, totalmente necesario para la reactivación de la economía.

Otra cosa muy diferente a plantear es si el objetivo de inflación del 2% es realista en estos momentos o se debería revisar al alza

En unos momentos en que la ruptura de la cadena global de producción y el cambio climático han cambiado la formación estructural de los precios, en un entorno de crecimiento débil, los Gobiernos y los Bancos Centrales deberían revisar el ya histórico objetivo del 2% de inflación para no frenar de manera importante el crecimiento.

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